Quizá nos pudo el ansia de verlo, quizá era muy pronto o simplemente, nuestro niño no estaba de humor... el caso es que no pudimos ver a Juanvi tanto como hubiésemos querido.
Sus nalgas fueron nuestra primera visión, para después tras unos abdominales improvisados, se pusiese de perfil con los petetes en la frente. Un caramelo lo hizo mover a penas unos instantes para poderle ver la carita.
Y una vez más, nos confirmaron que se le ve muy sano y... ¡trae mofletitos!
¡Es una sensación maravillosa!
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